Ser mayor de 50 en el mundo del trabajo: cómo la pandemia dejó en evidencia las problemáticas

La soledad y el aislamiento pegaron fuerte en un grupo etario que tuvo el desafío extra de incorporar nuevas habilidades y una cotidianeidad distinta.

Durante la primera etapa de la pandemia el grupo mayoritario de quienes recibieron asistencia económica de parte del Estado por no poder ejercer su actividad fueron los jóvenes, que por su falta de experiencia suelen atravesar dificultades para insertarse en el mercado laboral.

Mucho se habla de ellos y de su compleja situación de acceso a trabajos de calidad, y mucho menos se habla de qué ocurre con las personas que paradójicamente, por su más avanzada edad y abundancia de experiencia, tienen también el acceso casi vedado al mercado.

El grupo de los tienen más de 50 años de edad (+50) también se vio fuertemente golpeado por la falta de oportunidades para desarrollar los últimos años de su carrera profesional. No fueron el grupo fundamental entre los beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que distribuyó el Gobierno, y quedaron también por fuera de las políticas de licencias, al no estar dentro de los grupos de riesgo de COVID-19 (al menos, no por edad).

Además, la digitalización de las formas de trabajo en muchos aspectos no jugó a favor de quienes no nacieron como nativos digitales.

«En la Argentina hay muchos adultos y adultos mayores que por un motivo u otro siguen trabajando hasta edades avanzadas. La mayoría tuvieron que, casi de un día para otro, realizar las tareas que completaban en forma presencial en las pymes, empresas, comercios, etc. en forma online, sobre todo lo relacionado con la parte administrativa», comentó a este medio Jorge Scaramuzzo, Responsable del programa Mayores Conectados de EXO.

«Esto fue un gran desafío y una rápida conversión de su forma de vida, ya que muchos sistemas no estaban preparados para ese fin. Los trabajadores no tenían en sus casas computadoras, o la tenían que usar para el grupo familiar. También fue un gran problema el espacio de los hogares, ya que se empezó a usar la videollamada con algo cotidiano. Es decir, muchos cambios obligados en muy poco tiempo», añadió.

Tampoco a todos los +50 les resultó natural capacitarse en las nuevas habilidades que requiere el mercado para operar en la «normalidad» adaptada de la pandemia.

«Para los nativos digitales y las generaciones más acostumbradas al uso y consumo tecnológico, el cambio de paradigma pudo percibirse como ‘natural’ y hasta positivo», pero a la vez «el uso de nuevas formas de comunicarnos en el ámbito laboral representó un desafío extra para muchas personas acostumbradas a una rutina estructurada alrededor del trabajo», advirtió Ernesto Tocker, director del Servicio de Empleo AMIA (SEA).

Por último, las personas con mayor trayectoria en muchos casos estaban acostumbrados ya a adaptarse a los cambios, y aún así permanecen en ciertos aspectos atados a la base de horarios fijos, siempre en un mismo espacio físico, con formatos de interacción presencial, etc. La soledad y el aislamiento fueron otros de los factores emocionales que inevitablemente impactaron en algunos de los miembros de este grupo etario de trabajadores.

¿Qué hicieron las empresas?

Los cambios que introdujo y aceleró el confinamiento obligatorio llevaron al segmento de la población de más de 50 a interactuar bajo nuevas reglas, que no fueron muchas veces acompañadas por los procesos de inducción correspondientes. «Al comienzo, esta situación generó ansiedad, estrés y confusión y necesitó de nuevas respuestas que dieran sentido al nuevo orden que comenzó a emerger», señala Tocker a la hora de analizar las transformaciones generadas.

Hubo, como era inevitable, algunas falencias en la implementación de políticas y procesos de adaptación para la nueva normalidad. El directivo del Servicio de Empleo de AMIA apunta las siguientes:

– Planes de formación diferenciados en base al punto de partida. «Los más jóvenes tienen un mayor acercamiento a las herramientas digitales que los +50. En algunos casos la brecha resultó una barrera de acceso o un mayor sufrimiento para adoptar la tecnología», dijo el experto.

– Falta de contención: «Años de vida llevando una rutina son una pesada carga cuando todo cambia de golpe. Un trabajo de contención personalizado hubiera sido necesario, y en muchos casos faltaron».

Mayor comunicación, bajada de información de los planes y proyectos para quitar una dosis de incertidumbre. «En muchos casos esto fue insuficiente o deficiente», dijo Tocker.

– Asociación y/o articulación: aquellas empresas más comprometidas que se vieron impedidas de operar por las regulaciones o con caídas muy importantes de ventas, procuraron que el impacto en su personal sea el menor posible. Para ello, algunas implementaron acuerdos de cesión por tiempo determinado de parte de su plantilla con otras empresas que vieron multiplicada su demanda (sector salud, logística, alimentación, etc.). «Este tipo de iniciativas fue bastante limitado y podría haber sido una buena opción para muchos otros casos», opinó el directivo de AMIA.

– Recortes de beneficios o congelamientos salariales.

¿Qué hicieron en concreto las empresas para favorecer la adaptación de los empleados de mayor edad? Tocker asegura que en su mayoría «evaluaron las capacidades disponibles en su personal e intentaron cerrar la brecha para poder desenvolverse adecuadamente en este contexto «.

«Esto implicó un mayor esfuerzo, no solo para formar en nuevas tecnologías (que a su vez requerían esos conocimientos para poder actualizarse), sino que también tuvieron que acompañar en el diseño de una nueva cotidianeidad que rompió con el paradigma de oficina/hogar como lugares separados y estanco. La generación de los mayores de 50 es menos afecta a romper los moldes y salirse de la rutina», reiteró el directivo del Servicio de Empleo de AMIA.

No obstante, para lidiar con caídas de ventas, protocolos nuevos, rupturas en la cadena de abastecimiento y de pagos, y la adaptación a esta nueva normalidad, las firmas optaron por «la capacitación para hacer uso de las nuevas herramientas tecnológicas, dotar de equipamiento, acompañarlos para que se adapten al nuevo modelo y concientizar sobre cómo cuidarse en el marco de la pandemia.»

En los casos de sistemas «mixtos» de trabajo entre la empresa y su casa, además tuvieron que organizar el traslado, para evitar así el transporte público y los turnos para asistir al establecimiento, agregó Tocker, y sentenció: «Considero que las empresas estuvieron a la altura de las circunstancias y atendieron adecuadamente a esta población.»

Para el director del SEA, el desafío para quienes no estaban acostumbrados a las nuevas dinámicas de comunicación radica en potenciar la experiencia acumulada e identificar y desarrollar aquellas habilidades necesarias e imprescindibles de la era virtual. «Integrar los nuevos modos de hacer, de comunicarse y de gestionar el trabajo con la trayectoria que hemos construido es un camino a transitar que puede abrir nuevas puertas», aseguró.

Mayores y la tecnología: la contracara

Vale la pena remarcar que incluso en los casos de personas que no estaban acostumbradas a desempeñarse haciendo uso de la tecnología, no necesariamente se sintieron inmobilizados o asustados. Por el contrario, la contracara de la pandemia es que la mayoría logró demostrar su capacidad de adaptación al nuevo entorno.

«La tecnología se ha convertido en un gran aliado, no sólo para conectarse con diferentes personas a través de videollamadas, sino como una distracción para quienes se encuentran en soledad y una herramienta para resolver cuestiones diarias como compras y trámites», remarcó Scaramuzzo.

Él apunta que, según un informe realizado por Helpage Internacional y la Campaña «Adultos Mayores Demandan Acción» (ADA), el 79% de los encuestados manifestó que la tecnología fue una de las herramientas que le permitió transitar de mejor manera el aislamiento. Asimismo, el 87% reveló que pudo resolver actividades cotidianas gracias a la tecnología. «Estos datos dejan ver claramente la importancia y necesidad de inclusión digital que tiene este sector de la sociedad», insiste el experto de EXO.

Esta firma desarrolla desde hace años un programa titulado Mayores Conectados que ofrece recursos para ese fin. Se nuclea en torno de un grupo de Facebook en el que participan 130.000 personas para aprender de tecnología e interactuar acompañándose en clases de yoga, foros, juegos y hasta una visita virtual a la Base Carlini de la Antártida Argentina.

Se realizaron ya más de 250 actividades y la empresa tiene a disposición guías y tutoriales para asistirlos en este vínculo con lo digital. «Notamos que entre marzo y abril 2020 incrementó exponencialmente la visita a nuestra web para realizar los tutoriales de, por ejemplo, ‘cómo hacer video conferencia con ZOOM’ y muchos relacionados con el uso de la tecnología. Nos solicitaron que les enseñemos a usar diferentes tipos de herramientas y muchos nos decían que lo necesitaban para trabajar», amplió el ejecutivo de EXO.

Consejos para incorporar adultos mayores

Para poder capitalizar la experiencia y sumar las competencias laborales que el mundo laboral revalorizó y hoy está demandando, el Servicio de Empleo de AMIA elaboró una guía de habilidades imprescindibles que deben estar presentes en la nueva «caja de herramientas»

1 – Estar abiertos

En medio de la incertidumbre, la actitud de estar abiertos a nuevas posibilidades, de enfrentar los imprevistos y de buscar soluciones originales frente a un contexto que no podemos modificar, es un valor agregado que marca la diferencia. En este momento es fundamental saber aceptar los cambios y adaptarse a ellos.

2 – Flexibilidad

La virtualidad impuso un tipo de lenguaje más dinámico, más efímero, en el que debemos usar diferentes códigos y plataformas. Requiere de nuevas aptitudes para poder adaptarse. Es necesario flexibilizar los esquemas que se venían utilizando y dar la bienvenida a nuevos saberes. Lo pasado fue útil, pero hoy el mundo del trabajo exige otras respuestas y demanda una de las competencias más mencionadas por los empleadores: ser flexibles.

3- Creatividad

Ser creativo es otra competencia muy apreciada en la actualidad. Una persona creativa es quien tiene la facilidad para inventar, crear ideas y ver la realidad de otra manera. Es quien encuentra soluciones alternativas a los problemas que surgen, a partir de respuestas originales, prácticas e innovadoras.

4- Actualización permanente

Estar atentos a lo que acontece nos lleva a saber interpretar qué requiere hoy el mundo del trabajo. Aprender sistemas de comunicación nuevos, conocer las aplicaciones más utilizadas, consultar tutoriales y seguir a referentes en diferentes especialidades son todas sugerencias válidas para estar actualizado.

5 – Ver el vaso medio lleno

Aquellas personas que hoy tienen más de 50 han sido testigos y han atravesado diferentes crisis de orden económico, cultural, social y político. Las transformaciones a las que han asistido hoy juegan a su favor. Haber sorteado momentos de gran complejidad otorga un saber hacer las cosas que solo brinda la experiencia. Poder mantener el rumbo mientras la tormenta arrecia es una habilidad que distingue y que se valora.

6- Manejo del tiempo

Establecer prioridades y fijar límites es una cualidad que siempre se aprecia. Las competencias relacionadas con la coordinación suman valor en cualquier trabajo. Saber administrar el tiempo de forma provechosa y con eficiencia es una herramienta que siempre se busca, al igual que el ser organizados y poder llevar adelante un plan de principio a fin.

Fuente: www.iprofesional.com

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