Teoría de Nash y teletrabajo: una guía práctica para que todos ganen

Siempre que llevamos a cabo una acción o tomamos una decisión, habrá consecuencias. Incluso el no hacer o no tomar decisiones tiene repercusiones.

La famosa teoría del matemático John Nash (aquel que interpretara tan bien Russell Crowe en la película «Una mente brillante») nos plantea que para poder ganar un juego debemos conocer lo qué está haciendo nuestro oponente, de manera que podamos anticiparnos.

Esta teoría, también enmarcada dentro de las llamadas «teorías del juego»- junto a otros autores como John Von Newman y Antoine Agustín Cournot-, se utiliza en diversos ámbitos de la vida personal y de las organizaciones, en donde necesitamos aprender a obtener resultados creando mejores estrategias.

Resulta muy interesante poder aplicar la teoría de Nash también en la vida cotidiana, entendiendo que si ayudamos al otro también podemos obtener lo que queremos, en el tiempo en que lo queremos y con los mismos recursos con los que ya contamos.

Este enfoque resulta más que conveniente hoy en el que muchas compañías están intentando teletrabajar por primera vez, para mantenerse operativas en medio de las medidas de aislamiento social obligatorio. Se trata de un «experimento» social gigantesco para el cual las organizaciones no estaban preparadas.

En muchos países aún hoy se discute la posibilidad de que los empleados trabajen desde su casa, ya sea por motivos operacionales, por una licencia prolongada, por beneficios adicionales o por situaciones coyunturales.

Todo esto tiene una lógica: desde las empresas al hablar de este tema, afirman que no todos se adaptan, no siempre cumplen a rajatabla sus responsabilidades, y, además, puede ser que se distraigan y que no dispongan del espacio apropiado para hacer su trabajo a conciencia. En tanto, los empleados reclaman mayor flexibilidad, disposición a encontrar nuevas formas de optimizar los tiempos, y que en las oficinas no siempre se logra alcanzar el máximo potencial que tendrían para dar.

Pero plantear como una dicotomía irreconciliable el trabajo a distancia y el presencial puede ser una trampa. Este nuevo modo de seguir adelante se puede estructurar como un ganar-ganar en donde ambas partes están interesadas en obtener un determinado elemento siendo conscientes de que pueden ayudar al otro en el proceso.

Se teletrabaja desde siempre

La expresión «home-office» se traduce literalmente como «trabajo en casa»; sin embargo se aplica a cualquier otro espacio distinto a lugar fijo o preponderante donde una persona necesita desempeñar sus actividades.

Ya sabemos que la tecnología es el aliado indispensable para implementarlo con éxito; ¡qué sería de las personas y empresas si no tuviésemos acceso a Internet de velocidad, a una cierta seguridad en transferencia de datos y a la posibilidad de estar conectados permanentemente!

De allí que las empresas necesitan esforzarse por adaptar y adoptar sus políticas de funcionamiento, previendo las proyecciones que, para 2020 en el mundo, habrá casi un 50% de personas desempeñando teletrabajo a distancia. En Sudamérica el índice es más conservador: se habla de un 20%.

Los esquemas tradicionales de un empleado cumpliendo un horario fijo, marcando tarjeta, van dando a paso al trabajo por resultados. Y aquí reside algo fundamental del teletrabajo: las organizaciones deben actualizarse para poder liderar a distancia, y los empleados, a trabajar como si estuviesen en su escritorio todos los días. Para lograrlo se requiere un alto compromiso de ambas partes.

Lo cierto es que el «home-office» permite conciliar mejor la vida personal y profesional. De hecho, la mayoría de los emprendedores empezaron trabajando en su casa mientras desarrollan sus empresas. Hoy es factible lograrlo, siempre que se garanticen ciertas condiciones básicas, que deben estar reguladas de ambos lados: las empresas y los colaboradores.

Políticas de «home-office» en las empresas

Aunque hay que tener en cuenta que no todos los puestos pueden trabajar a distancia: hay tareas insustituibles que requieren estar en la oficina o planta de la empresa.

Esta guía busca ayudar a las empresas a establecer una política de trabajo a distancia para sus empleados, y a que se cumpla efectivamente. Para los empleadores:

1. Determinar quiénes pueden trabajar desde casa.

Las personas desorganizadas y que necesitan que se les esté detrás para que cumplan, definitivamente no son buenos candidatos. Se podría probarlos de a poco. En el caso de que la empresa decida que su política es trabajar sólo en su oficina, será necesario establecer cuáles son las excepciones -por ejemplo, una crisis, peligro en la calle que atentaría la integridad del empleado, falta de transporte, cortes de energía eléctrica, etc.- y en esos casos se activaría el protocolo de home-office.

2. Equipamiento esencial para trabajar.

La empresa evaluará las condiciones básicas para que los empleados puedan hacer eficazmente home-office: escritorio y espacio suficiente para poder enfocarse en la tarea, a proveer por el colaborador; conectividad de alta velocidad -a veces se comparte el costo-; computador con los programas y accesos adecuados; teléfono celular corporativo o con reintegro de gastos proporcionales; y, sobre todo, procedimientos claros para la medición del rendimiento y resultados.

3. Seguridad de la información.

Al trabajar desde casa habrá datos de la empresa que estarán circulando. La empresa deberá garantizar el proceso de encriptación de datos, mientras que el empleado será totalmente responsable por el uso que hace de la información.

4. Supervisión permanente y reportes del resultado.

Hay mucha tecnología para trabajar colaborativamente en forma remota. Lo importante es entrenar a los líderes de equipos en que cada persona trabaje en su nivel apropiado, y establecer los protocolos de comunicación: cómo se contactarán, de qué forma se evaluará el resultado del teletrabajo (ya sea fijo o esporádico), y cómo se puede mejorar.

5. Riesgos de trabajo.

Generalmente las coberturas están circunscriptas a determinados espacios y ámbitos; es importante asegurarse de contemplar los aspectos de riesgos, salud y cualquier otra incidencia, como un robo de materiales de trabajo.

6. Hacer una política escrita.

Un error es dejar todo en palabras o autorizaciones verbales. El «home-office» necesita de un documento escrito, legal y firmado por la empresa y cada empleado. En él se dejará en claro el nivel de desempeño que el empleado asegura que mantendrá. Al mismo tiempo, la empresa podrá auditar de diferentes formas: por ejemplo, en muchas empresas los empleados con este beneficio tienen que mantener una asignación mínima de horas diarias como jornada laboral; y en otras, se registran los horarios de conexión a la red como certificación de que, efectivamente, están en actividad. A su vez, el empleado también debe saber que el incumplimiento de sus funciones haciendo home-office tendrá la misma fuerza legal que si estuviese en la oficina.

Para el trabajador: ventajas y responsabilidades

El teletrabajo implica conciliar vida laboral y personal

Además de ahorrar en gastos de traslado y comidas, y de permitir un equilibrio entre la vida personal y profesional, se busca que el «home-office» estimule la motivación, la productividad y una mayor satisfacción hacia la tarea.

También tienen sus contras: no es fácil hacer «home-office»; se requiere ser extremadamente ordenado y organizado, y hay que esforzarse en mejorar la comunicación con los pares y jefes ya que será a distancia. Aunque cambia el entorno, no disminuye la responsabilidad sobre el trabajo final, así que se necesita ser mucho más esmerado.

También hay que tener un espacio adecuado para poder trabajar confortables. Recomiendo que sea siempre el mismo lugar y en los mismos horarios, evitar las distracciones y estar disponible toda vez que sea necesario.

Esta guía de seis pasos puede ayudarte a hacer teletrabajo con eficacia:

1. Vestirse apropiadamente.

No vale el pijama o la ropa de entrecasa; se permite estar cómodo, aunque no dejado ni desaliñado, porque el cerebro necesita horarios, organización y rutina.

2. Tener al día tu planificación de tareas.

Ya sea en un tablero personal en tu escritorio, o en el sistema que compartes con tu líder y equipo de la empresa, necesitarás tener al día todos los procesos para cumplir en tiempo y forma, incluyendo esforzarte en demostrar resultados más que antes.

3. Disciplina y rigor.

Aunque estas dos palabras tienen mala prensa, serán tus aliadas para poder mantener un alto nivel de rendimiento profesional al trabajar fuera de la oficina. En este punto, por más decaído que estés, te levantas, conectas y trabajas: no hay excusas, ya que estás igualmente involucrado que antes en tu cumplimiento laboral.

4. Disponibilidad horaria amplia para llamadas, teleconferencias y reuniones presenciales.

Quienes hacen home-office tendrán encuentros frente a frente con cierta periodicidad; esto ayuda a la empatía y a mejorar el funcionamiento del equipo. Prepara tu lista de temas a abordar y haz aportes de valor, como forma de demostrar tu entusiasmo, seguimiento y predisposición positiva.

5. No mezcles asuntos personales en el horario de home-office.

Es un error que comete la mayoría de las personas; sólo harás que baje tu rendimiento y que puedan desafectarte de este beneficio de la empresa, o dejarte fuera si eres freelance o contratado.

6. Las tres «C» del home-office: compromiso, cumplimiento, comunicación.

Estas tres premisas serán fundamentales para que alcances un desempeño retador. A su vez, debes saber que es probable que te pierdas de las situaciones cotidianas que pasan en la oficina -entre ellas, toda la comunicación interna informal que se produce, ese rumor de un ascenso para alguien de tu equipo, etc.-; por lo que necesitas aprender a no lamentarte por estar afuera físicamente, o por extrañar a esos compañeros tan geniales con los que compartías horas diariamente.

Fuente: iprofesional.com 29/04/2020

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