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ARTÍCULO: La soledad del poder: la otra cara del liderazgo empresario

La novelista Deborah Moggach -autora del libro El exótico Hotel Marigold- sostiene que la soledad es el último tabú. Según la escritora, “hablamos de todo lo demás, incluso de la muerte, pero a nadie le gusta admitir que está solo”. Somos animales sociales. Sentirse solo atenta contra la misma naturaleza humana. Entonces, ¿cómo se verá afectada la organización si sus líderes son víctimas del síndrome de la “soledad del poder”?

Según la revista Psychology Today, existen evidencias de que, cuando no se satisface la necesidad de relaciones sociales, se producen trastornos físicos y psicológicos que pueden conducir al quiebre emocional. El malestar comienza cuando la persona toma conciencia de su falta de contacto social. Tan solo esto puede generar depresión y otras enfermedades, como el alcoholismo y las adicciones. Entonces, sobrevienen la tristeza, la sensación de vacío y de aislamiento, sentimientos que afectan no solo lo anímico, sino la capacidad cognitiva del individuo. Un líder que se encuentra en ese estado corre mayor riesgo de tomar decisiones erradas que afectarán a toda la organización.

Asimismo, el poder puede conducir a la soledad. La importancia de un cargo aumenta la distancia entre el líder y las bases. Muestras de respeto (y de temor) como suspender una conversación cuando alguien poderoso entra a la sala o no ser capaz de mantener la mirada son barreras difíciles de superar, incluso si el directivo tiene un estilo de comunicación abierto. Frente a esto, algunos optan por restringir su entorno a los pocos con los que se sienten cómodos y así refuerzan el círculo vicioso que lleva al aislamiento. Para sumar complejidad al esquema, entre el grupo de empleados seleccionados no deja de existir cierto temor a oponerse a los deseos del superior.

Las expectativas que despierta un líder también tienen impacto. La mayoría espera que sea carismático, que genere compromiso, que sea capaz de motivar por medio de una visión estimulante, que se mantenga siempre activo y ágil, y toda una larga lista de habilidades que convierten a un CEO en una especie de superhombre o de mujer maravilla poco realista. Ya sea porque quien ejerce el liderazgo “se la cree” o, por el contrario, porque lo que se espera de él supera sus capacidades, la reacción podría ser alejarse para ocultar su temores y angustias. Una investigación de la Harvard Business Review confirma lo anterior. Se encontró que el 50% de los CEO experimenta sentimientos de soledad y, dentro de ellos, un 61% cree que se ve afectado de manera negativa su rendimiento. Las cifras son mayores aún cuando se trata de CEO que asumen el cargo por primera vez.

Desde otro punto de vista, la misma naturaleza humana indica que el poder es atractivo, en especial, para aquellas personas con vocación de liderazgo. Debido a esto, varias investigaciones contradicen el estereotipo del líder solitario y aislado. El profesor Adam Waytz, de Kellogg, comandó un equipo -integrado por representantes de varias universidades- que concluyó que la sensación de soledad disminuye a medida que aumenta el poder.

Waytz explica que los poderosos creen tener acceso a bienes que otros quieren, por lo que sienten que pueden controlar sus voluntades. Como los humanos tienen la necesidad fundamental de pertenecer a un grupo, el poder les otorga los medios para atraer a los demás y para mantenerlos a su alrededor. Es como si se dijeran a sí mismos algo así: “Guau, tengo todos los recursos que necesito para formar un grupo, para conseguir que las personas vengan a mí”.

Más allá de todos los estudios y consideraciones, tal vez la verdad se encuentre sintetizada en una frase del recordado boxeador Ringo Bonavena cuando decía: “Todos son muy amigos, pero subís al ring, suena la campana y hasta el banquito te sacan”. Las compañías deben tener cuidado de no dejar a sus líderes sin banquito.

Fuente: La Nación 4/4/2016

Publicado en Artículos.

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